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http://danielcalvo.com/2012/07/26/democracia-arrogancia-y-derrotismo/El Partido Liberación Nacional (PLN) parece no haber aprendido su lección tras lo acontecido en el pasado proceso electoral y está repitiendo el mismo error de la anterior campaña.

Los árboles de momento le impiden ver la totalidad del bosque y percatarse de que su deseo de revancha, los mantiene obcecados equivocadamente en atacar sólo al partido de gobierno, subestimando e inclusive legitimando peligrosamente—al parecer sin percatarse—el discurso de uno de sus principales adversarios, como lo es el Frente Amplio.

Sus ataques dirigidos principalmente a minimizar la sensación de cambio prometida por el actual mandatario en campaña, no están logrando posicionar, hasta el momento, una percepción de que el PAC lo hace del todo mal—como algunos piensan—sino simplemente que comete los mismos errores, que en tiempos de oposición le criticaba tanto a los partidos tradicionales, que se habían venido alternando el poder hasta el 2014. ¡Su discurso no diferencia, homogeniza!

En lo anterior, se encuentra el principal error del PLN, que podría estar cavando su propia tumba.
Los verdiblancos continúan con esta “estrategia”, que es a todas luces errada, porque en lugar de permitirle diferenciarse del resto de fuerzas políticas existentes, más bien sitúa a las tres fuerzas políticas que han alcanzado el poder hasta la fecha, en una misma posición, bajo la desprestigiada etiqueta de “partidos tradicionales” ¡En política nadie sabe para quién trabaja!

El PLN requiere importantes dosis de humildad, luego de su apabullante derrota en las urnas, para reconocer de una vez por todas, que mucho de su éxito en los últimos años no fue debido a destreza o capacidad propia, sino a una temporal ausencia de liderazgos claros en las fuerzas de oposición, lo que se tradujo en una enorme atomización manifiesta en un sobrepoblado sistema de partidos, colmado de agrupaciones con nulas o muy endebles estructuras internas, pero que, en razón de que estas lograron fortalecerse, se verá obligado a mejorar la oferta política electoral que presenta a los costarricenses.

Sobre todo, cuando partidos como el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) y el Frente Amplio—ya con un precandidato posicionado ante la opinión pública—vienen en notorio crecimiento en los últimos años, reactivando o construyendo estructuras propias en zonas fuera del Gran Área Metropolitana, algo que, por ejemplo se le ha dificultado enormemente al PAC en sus casi 14 años de historia.

Además, cuando partidos como el caso particular del Frente Amplio, continúan realizando trabajo hormiga en las comunidades y con clubes abiertos en periodos no electorales, cautivando al voto joven, que por un tema demográfico hoy resulta fundamental, porque tiene la suficiente capacidad de definir resultados en las urnas.

Algunos analistas como Juan Carlos Hidalgo han estimado en el pasado que “…tal vez la amenaza populista de José María Villalta sea derrotada en estas elecciones (2014), pero si el modelo mercantilista…continúa generando desigualdad, corrupción y descontento, en el 2018 será imparable”.

Mientas otros creemos más bien, que el futuro tiene mucho de incierto y lo que el electorado puede llegar a plantearse de cara a un nuevo proceso electoral, es una disyuntiva propia de la sociología política: entre apostar por una nueva opción que prometa un verdadero cambio—con un discurso que hasta sus adversarios se han encargado de legitimar—o regresar a los brazos de partidos tradicionales con mayor experiencia en la administración del Estado.