Andrea Morales – Daniel Calvo
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La incomprensión legislativa del principio fundamental de la economía,
como lo es el estudio del modo en que la sociedad gestiona sus escasos recursos ante una cantidad ilimitada de necesidades, adquiere particular importancia cuando este tipo de recursos es de carácter público, y sobre todo en tiempos en los que la crisis financiera mundial sacude económicamente a Costa Rica.

Dice un adagio que “Gobernar es administrar”. Esto implica que quien procure realizar el buen gobierno, debe administrar los recursos públicos con un alto grado de responsabilidad, ética y previsión, pues con ellos el Estado deberá solventar infinitas demandas con grados de complejidad y diversificación de funciones cada vez mayores.

Proyecto durmiente. En esta línea, hace casi un año se presentó, a la corriente legislativa, un importante proyecto de ley, expediente N.º 17.068. Con este se procura incluir el principio de responsabilidad presupuestaria mediante una reforma parcial del reglamento de la Asamblea Legislativa; pero, tristemente, el proyecto descansa en el sueño de los justos, al igual que otra enorme cantidad de reformas necesarias para devolver la gobernabilidad a nuestro país.

Dicho proyecto tiene la finalidad de establecer una sana práctica legislativa tomada del derecho comparado de países como Chile, Nicaragua, Perú y Venezuela, la cual consiste en determinar previamente el cálculo de gastos requeridos para una inversión eficiente que impulse y lleve a buen término los proyectos que se propongan, sin dejar este apartado al libre albedrío del Estado, el cual en muchos casos no halla dinero suficiente para satisfacer la ejecución de un sinnúmero de iniciativas.

Lamentablemente, mientras los diputados sigan siendo evaluados por la opinión pública bajo criterios como número de proyectos de ley presentados a la corriente legislativa; totalidad de leyes aprobadas durante sus cuatro legislaturas; cantidad de apariciones en medios de comunicación, todo esto sin tener en cuenta la calidad de las mismas y la aplicación efectiva de lo dispuesto por ellas, seguiremos siendo un país sumergido sólo en la discusión de quimeras.

Publicado en la Nación el 28/04/2009.Ver aquí

Nacido en los primeros días del mes de diciembre del 2000,
bajo el liderazgo de notables disidentes de otras fuerzas políticas,
académicos,
ciudadanos en general, nació el Partido Acción Ciudadana, el cual hastiado con la forma tradicional de hacer política en nuestro país, proclamo honradez, transparencia, compromiso, así como una larga serie de principios loables, los cuales luego guardarían en un cajón junto con el recuerdo de lo que pudo haber sido, pero no fue, un partido político.

Muchas fueron las expectativas puestas en este fruto divino, el cual carente de todo pecado pero integrado por pecadores, encontró en la figura de un pecador más como Ottón Solís, aquel líder que emergía bajo el destello resplandeciente de un nuevo amanecer, en la realidad política de nuestro de país.

Su inicio fue con el pie derecho, logrando en su primera contienda electoral aglomerar a toda una masa amorfa la cual descontenta con el bipartidismo tradicional, por las más variadas razones, le genero el 26% de los votos en el 2002, logrando consolidarse de la noche a la mañana, como la tercera fuerza política de importancia.

Lamentablemente las dulces mieles del éxito poco le durarían, pues inmediatamente vendría su primer y máximo revés, la creación de su enigmático y turbio código de ética, el cual por diferencias en su interpretación, obligaría a la renuncia de 6 de los 14 diputados obtenidos por este partido en el periodo 2002-2006, situación que los motivo a tomar las precauciones del caso, para que esta situación no sucediera de nuevo, así que reforzaron sus controles y al mejor estilo de la escuela de la ñiña pochita crearon una escuela dogmática para aquellos de sus militantes quienes aspiraran a un cargo de representación popular en la próxima administración.

No obstante para sorpresa de muchos el PAC logró sobreponerse ante el éxodo masivo de sus diputados durante la administración Pacheco, y en las elecciones presidenciales del 2006, alcanzaría convertirse en la segunda fuerza política, quizás gracias a los escándalos de corrupción destapados en 2004, quizás gracias al efecto adverso que generaba una nueva candidatura de Oscar Arias, quizás a muchas otras cosas más, la cuestión es que el PAC consiguió convertirse en la más grande oposición no sólo al gobierno de turno, sino al desarrollo mismo de este país.

Con el paso del tiempo el PAC fue sumando revés tras revés, hasta hacer de él la constante y su máximo compañero, pues a estos vinieron los escándalos de la diputada Nidia González, la controvertida renuncia de la diputada Sadie Bravo por aparentes problemas personales, el escándalo con la obtención de tierras del IDA por Ottón Solís, la historia del carretillo y claro la desobediencia de la diputada Morales a la santa voluntad de su patrón, la cual ha desembocado en su renuncia.

Ha quedado claro así que lo que un día fue una resplandeciente luz de esperanza en la política nacional, ha sido eclipsada por la lúgubre actuación de sus diputados, por su intolerancia, por su doble discurso, por su irrespeto a la voluntad del pueblo, entre muchas otras cosas más, lo cierto es que hoy con la salida de la diputada Morales de las filas del PAC, este ha iniciado su propio  ocaso.

Siempre es la misma historia,
cada día saltamos a la cancha con la esperanza que hoy sea diferente,
pero al final de la jornada siempre perdemos, algunos días es sólo uno, otros días perdemos dos, tres o cuatro, los accidentes de tránsito en nuestro país lamentablemente no cesan. ¡Que tristeza! No son goles, son víctimas.

El acumulado de nuestra inacción sólo es comparable en cifras futbolísticas con lo que le adeudan los clubes de nuestra primera división a la CCSS, así como en los cientos de millones de colones que esta trágica realidad le cuesta al Estado, el cual sólo el año anterior pagó ¢7.300 millones en incapacidades, atenciones médicas e indemnizaciones por personas fallecidas en accidentes de tránsito.

La comparación que realizo puede parecer burda, pero lo hago con el fin de llamar la atención de ese “homo futbolisticus” que vive en estos días dentro de cada uno de nosotros, además créanme se adapta a esa cualidad mejenguera, charanguera y de agarrar todo en vacilón, con la que muchos de nuestros compatriotas tristemente le hacen frente a esta vida.

Al mismo tiempo la comparación resulta muy atinada a la hora de buscar los aparentes culpables, pues una vez más en este tema también la culpa pretende ser endilgada a los estadios, árbitros, directores técnicos, preparador físico y directivos En nuestro caso particular entiéndase infraestructura vial, tráficos, ministra de transportes, revisión técnica y nuestros señores diputados respectivamente, antes que ponernos a pensar que los que saltamos a la cancha somos nosotros, los conductores.

Las cosas no marchan bien, en el ranking mundial del 2007 de accidentes de tránsito no de FIFA, Costa Rica ocupaba el cuarto lugar como país en el mundo con más heridos por accidentes de tránsito, de acuerdo con las estadísticas de la revista inglesa, The Economist, así como también ocupaba el lugar 16 en el mundo, en las cifras de muertos en accidentes de tránsito, el tercero de América latina, después de Colombia y Honduras.

Por todas estas razones anteriormente citadas, el pasado sábado 21 de junio, el grupo de Juventud Fuerza Verde organizó la primera Copa de Fútbol 5 “Natalia Trejos Sánchez: ¡Por una Costa Rica segura!”, la cual contó con la presencia del señor Presidente de la Asamblea Legislativa, Dr. Francisco Antonio Pacheco a quien se le entregó un manifiesto exhortando a los diputados a la pronta aprobación de la reforma a la Ley de Tránsito.

Aquel día jugamos por la vida, jugamos por Natalia, le pasamos el balón a los señores diputados, para que anoten tan siquiera un gol, en el partido que todos los días se juega en nuestras vías.

Una de las más recientes publicaciones del Instituto Interuniversitario de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca denominada “Elites parlamentarias iberoamericanas”,
realizó un estudio en el 2006 a los miembros de la Asamblea Legislativa de Costa Rica, en donde en uno de sus rubros “Disciplina Partidaria”, se les consultó a cada uno de nuestros diputados, ¿Sí estarían de acuerdo con la expulsión de aquel parlamentario que vote contra las directrices del partido?

Tal estudio a nivel general mostró que un 78% de los 57 diputados, se muestra en contra de esta fuerte y polémica medida, mientras que por partido político la división más acentuada se da entre los parlamentarios del PAC, donde un 41% de ellos se muestra partidario de la expulsión frente al 59% que dice estar en contra de esta medida, a esta agrupación le sigue el PLN con un 24% a favor frente a un 76% en contra, seguido muy de cerca por el PUSC con un 20% a favor frente a un 80 % en contra; y para finalizar el ML donde el 100% se manifiesta en contra de esta draconiana medida.

Comento todo lo anterior, pues viene mucho al caso con la ya conocida cacería de brujas que se ha dado en el PAC a la diputada Andrea Morales, desde que ella en una actitud de valentía y respeto por la voluntad popular del pueblo, decidió no ser participe del obstruccionismo parlamentario, puesto en práctica por su partido en buena parte de la aprobación de la agenda de implementación del Tratado de Libre Comercio.

Por otra parte, si bien ella no ha manifestado explícitamente su interés de marcharse de esta bancada, es claro que ella no se siente a gusto dentro de la misma, pero no quiere claudicar ante las presiones de muchos de sus copartidarios, quienes tampoco se encuentran a gusto con la presencia de esta joven entre sus filas, pero no le dan el gusto de expulsarla de ese partido, pues al parecer para algo sí ha servido su famoso código de fuerza.

No obstante las presiones hacia esta joven y ejemplar diputada, lamentablemente no han mermado, en los últimos días la diputada nombró como su asesora a la ex-candidata a alcaldesa por el PLN en Montes de Oca, lo que a las altas autoridades de su partido radicadas en el antiguo Colegio Sión ó en Miami, posiblemente les causó una fuerte indignación, por lo que inmediatamente demandaron el despido automático de esta señora, la cual elegida por sus capacidades y no por su color político, fue despedida.

La anterior situación resulta lamentable, pues mientras el PLN nombra al hermano del líder de oposición como jefe de despacho del presidente de la fracción liberacionista, en el PAC no toleran que la diputada Morales designe a una persona de otra agrupación como su asesora, al parecer el PAC no ha podido comprender que ser ético y profesional en su trabajo, no tiene que ver con partidos políticos; por el contrario tiene que ver con sus capacidades y el reconocimiento que merecen las personas de otras agrupaciones políticas, además que por salud de su propio partido, deberían de ser frecuentes las divergencias de criterios entre los que lo componen y no ser sólo la caja de resonancia de las directrices de un líder, que más que tener un partido político pretende tener un séquito de fieles.

Murió el PAC. Lo digo abiertamente: falleció. Los costarricenses se deben dar por enterados de que esa agrupación fue asesinada hace poco con balas de egolatría,
con misiles de irrespeto y con cañones de intolerancia.

¿Cómo podría seguir latiendo el corazón de un partido que prometió al país ser amante de “la diversidad y la pluralidad de pensamiento” pero que al menor atisbo de sana discrepancia opta por cortar cabezas?

Muerto y enterrado está, aunque ahora lo nieguen sus líderes que se vanaglorian de ser diferentes, amplios y abiertos, pero que sin vergüenza alguna son capaces de cerrar las puertas a los que piensan diferente. Sino que lo digan Andrea Morales, Josette Altmann, Humberto Arce, Rafael Varela, Juan José Vargas o Quírico Jiménez.

“Nuestro sueño es tener un país en el que quepamos todos”, nos decía don Ottón Solís en su programa de gobierno 2006-2010 (Pág.16). Claro, faltó especificar que se trata de un país lleno exclusivamente de los que piensan como yo, los que hablan como yo, los que respiran como yo, los que se peinan como yo. Yo, yo y solo yo.

¡Cuidado el estudiante de la “escuelita” que forma a los aspirantes a diputados rojiamarillos que se atreva a contradecir al maestro y su “lucha”, “Mí Lucha” (“Mein Kampf”, en alemán)!

¡Cuidado a la diputada joven que solo porque el Sí al TLC ganó en el referéndum y la población ya esté hastiada de este tema, busque legislar y agilizar las cosas en el Congreso para que el país pueda de una vez por todas darle vuelta a esta página!

Tajante fue don Alberto Salom el 2005 al señalar en una entrevista que el PAC no era partido de sindicalistas. No le creí. Hoy reconozco que tenía razón: el PAC no es partido de sindicalistas, pero tampoco de empresarios, mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, discapacitados, emprendedores y trabajadores.

El PAC no es partido porque no cree en la gente, porque se olvido de la tolerancia, porque su líder es capaz incluso de burlarse de la salud del Presidente de la República, porque está prohibido intercambiar ideas para construir un país mejor.

Ha muerto el PAC. Lo mataron.

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