Mayo 2011 – Daniel Calvo
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Sonará trillado, dosage pero ¡qué falta tiene Costa Rica de nuevos líderes! Sin embargo, dudo que en algún lugar se estén formando, el abandono de la juventud por parte de las fuerzas políticas se observa por doquier. Las juventudes partidarias, aquel hermoso recuerdo que aún perdura en la memoria de algunos entrados en canas, parecen disolverse cada vez más.

Los partidos políticos nacionales están castrados. La juventud actualmente representa más del 40% del padrón electoral del país y, las fuerzas políticas no parecen estar interesadas en conquistarlos. Nadie se explica si es la juventud la que se aleja de la política, o son los políticos los que se alejan de los jóvenes.

Vale la pena preguntarse: ¿acaso existen verdaderos incentivos (ej: salarios competitivos, premios a la meritocracia, carrera profesional, entre otros’) para que día con día se sumen nuevas personas dentro de las estructuras de juventud partidarias, a las que se le ofrezcan oportunidades reales de capacitación, movilización y participación en puestos de representación? Nuevamente lo dudo, en Costa Rica no existe un verdadero interés de formación política sistemática y de calidad, mucho menos de facilitar espacios de incidencia real del joven.

Charlas ocasionales. La educación política de tipo partidaria se limita a ocasionales charlas sobre temas coyunturales patrocinados por eventuales precandidatos.

Los partidos políticos no realizan esfuerzos serios por educar sus bases, quienes carecen de una escuela de gobierno o un instituto de educación y formación política; en caso de tenerlo establecido estatutariamente, ¿actualmente se encuentra clausurado?

¡La plata es para pagar deudas de la anterior y próxima campaña, para sufragar costosas pautas publicitarias, no para invertir en nuevos liderazgos!

La regeneración de las estructuras partidarias no es una prioridad. Las juventudes partidarias existentes, las cuales deberían estar concentradas en sumar gente que antes no había tenido contacto con un determinado partido político, se extinguen por culpa de sus aparentes “lideres” de juventud, quienes buscando perpetuarse dentro de un marco de tiempo limitado, cierran las puertas de ellas a nuevos interesados en integrarse, con tal de que nuevos elementos no alteren el statu quo reinante en el interior de los grupos, o los supuestos “liderazgos” que ciertos individuos desempeñan dentro de ellas.

¡El derecho de piso! dicen los más grandes dentro de la juventud, quienes se aferran hasta el último de sus días a estos grupos, tratando de sacarle el mayor de los provechos como aparentes jóvenes, utilizando el discurso que ellos son los representantes de este importante electoral grupo etario y por esta simple razón merecen un determinado puesto, por cumplimiento de una cuota y no por destreza propia, capacidad o trabajo; algunos ni siquiera se encuentran académicamente preparados para desempeñar el cargo al que aspiran, pero esto poco les importa.

Es vergonzoso observar dentro de los partidos, “lideres” de “juventud” que rozan o superan los 35 años de edad, en teoría edad límite según la Ley de la Persona Joven, pues aspiraron a puestos de juventud conscientes que pronto dejarían de formar parte de ese grupo etario, al cual simplemente utilizaron como instrumentos para que le apoyaran en su candidatura, ojalá diputadil, que a tantos desvela.

Las juventudes ya no son críticas, ni propositivas, mucho menos beligerantes. Las de hoy son serviles, menguadas, llenas de aduladores; atributos que de un tiempo hacia adelante son los que mejores se pagan, colmando a nuestras instituciones de pegabanderas, producto del clientelismo. Hoy no hay lugar para la crítica a lo interno de los partidos políticos, porque la lealtad fue sustituida por la obediencia, distorsionado el verdadero sentido de la política.

Quienes pensamos que la juventud es el lugar para corregir las malas prácticas presentes en ciertos sectores de las altas cúpulas partidarias, pretendiendo hacer el cambio desde adentro, involucrándonos de una u otra manera con la estructura formal de un partido, no tenemos cabida dentro de ellas, pues somos tildados de alborotadores, intrigantes y puñales, por decir la verdad sin temor a ser políticamente incorrectos.

Lamentablemente, las juventudes terminan a la larga por emular el comportamiento muchas veces deplorable de los más grandes. No existe un valor aglutinador, ni movilizador dentro de las juventudes partidarias. Lo que interesa es el puesto por el puesto, por más insignificante que este sea. Mientras esto no cambie, los partidos seguirán jugando con el mismo naipe y la política nacional continuará su camino firme al despeñadero.

Publicado en la Nación el 15/05/2011. Ver aquí.

2 Responses to “La mala educación política.”

  1. Marshal

    Simplemente Genial.

  2. Jorge Arturo

    Es cierto. Me alegra que este comentario sea imparcial ya que este es un  mal de TODOS LOS PARTIDOS POLITICOS. La situación es más dificil cuando la mayoría d ela juevntud esta más interesada en temas “tracendentales” como las mejengas de tiquicia o los bares.

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